terça-feira, 3 de março de 2009

El miedo - (21 de noviembre de 2007)

Creo que la civilización sufre de dos grandes males: el miedo y la soledad. Cada vez tenemos menos tiempo, menos interés, menos paciencia para con las situaciones de la vida. Preferimos una televisión y un ordenador conectado a la red que la compañia de un amigo o de un pariente. Por eso, nos liamos con las superficialidades de nuestras "supuestas" obligaciones diarias y elegimos una vida solitaria y vacía.
El miedo surge como una consecuencia de estos hechos. Empezamos a construir nuestros temores. Ya no queremos más profundizar las relaciones, tampoco crear ilusiones. La confianza pierde su sitio y poco a poco nos acomodamos con nuestra triste rutina de cumplir lo que un sistema injusto nos impone constantemente por sus medios. Hacemos lo mismo todos los días sin plantearnos demasiadas cosas, sin reflexiones en valores, sin cambios ni recuerdos.
Pienso que este miedo que nos aterra demuestra la fragilidad de nuestros cuerpos y más, de nuestros pensamientos, pues ya no manejamos bien situaciones simples, dificultades sencillas y sufrimos por la incapacidad de auto-controlarnos.
Estas son causas generales que acaban por provocar miedos específicos. Miedo a salir de casa y no volver, miedo a estudiar y no aprobar, miedo a jugar y no ganar. Miedo a trabajar y no recibir, a lanzarse y frustarse, a querer a alguien y ser rechazado. Miedo a reir, a llorar, a sorprenderse, a pelearse. Miedo a no lograr objectivos, a perderse, a encontrarse. Miedo a pensar en lo que va a pasar. Miedo a adivinar algo malo previsto. MIEDO.... Cada miedo uno a uno o todos a la vez, ya no nos importa tanto. Lo que podemos hacer para disminuir los daños causados por los miedos colectivamente creados es buscarnos un punto de equilibrio donde estemos a gusto conviviendo entre deseos y limitaciones y donde sea posible competir menos con nosotros mismos.

2 comentários:

  1. NENHUM ANJO VEIO

    Na urgência intocada
    da noite passada
    vencidas as validades
    do passo-passagem
    do corpo-clarão
    nenhum anjo veio
    coberto de visgo
    trocar a paisagem do não

    ResponderExcluir